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Cafentina Submarino, en Xalapa, Veracruz
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Sorbos
Por Elsa Lever M.
Diáfana y débil, Maricruz le dio un sorbo a la noche. Le supo a tristeza, a soledad; le supo a dolor y a muerte. Caminó sin rumbo, pero sí con cierto destino, pues no sabía a dónde iba pero estaba segura de a dónde no quería ir. Y ese lugar era su casa —enclavada en el municipio El Desconsuelo, en la colonia de la Inconformidad—, el hogar que hacía tiempo había dejado de serlo, al menos para ella.
Cruzó la avenida El Fastidio, casi corriendo. Muchos accidentes se habían suscitado sobre el asfalto últimamente y no quiso ser parte de las estadísticas. Incluso se enteró del último, con lujo de detalles, porque era su vecina la que se suicidó ahí, en esa avenida.
Cuando llegó a la banqueta, Maricruz se detuvo y miró hacia atrás. Otras personas se quedaron en el intento de cruzarla, pues el pánico las atrapó. Tendrían que esperar otra ocasión, otro momento, pero ella ya estaba del otro lado. Dio otro sorbo a la noche. Continuaba el mismo sabor pero alcanzó a percibir otro ingrediente, que le supo a certeza, a seguridad.
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