Ofrenda a mi Muerto
Por Elsa Lever M.Periodista con Maestría en Comunicación por la FCPyS de la UNAM, diplomada en Género por el PUEG de la UNAM, y en Feminismo por el CEIICH de la UNAM. Directora de http://www.mujeresnet.info/
Estoy colocando una ofrenda para el único ser -afortunadamente- que se me ha muerto. Sí claro, han fallecido abuelos, tíos, pero nadie realmente tan cercano a mí.
En cambio mi muerto, ése sí. Días y noches charlé con él, lo alimenté y hasta paseé a su lado. Eran días mágicos y extraños, los cuales nunca entendí. Porque nunca supe por qué se terminaron. Flores de cempasúchilt por acá y por allá. Algunas deshojadas para formar una alfombra con sus pétalos. ¡Eso es!
Ahora, los platillos de su preferencia. ¡Cómo le gustaban los tamales de mole con frijoles refritos! ¿Y qué tal las gorditas de chicharrón? ¡Esos antojos! Lástima que tuviera que tomar tanta medicina. Pobre de muertito. Desde que dio señales de vida, ya daba también señales de muerte. Por aquí, pegado, un recorte de periódico del movimiento magisterial de 1989. Para hacerle homenaje de cuando iba a las marchas, mítines y plantones. ¡Las cansadas y asoleadas que nos pusimos!
También por acá, algo de su ropa. Poca, pero bonita y nueva, porque nunca la pudo usar. A ver si ahora donde está no siente frío y la necesita. Yo creo que no, pero de todos modos se la pongo por si siente corrientes de aire al visitar la ofrenda. Está quedando linda... Ni cigarros ni alcohol. ¡Si ni tiempo tuvo de conocer los vicios! Mejor unos jarritos de leche. Algunas veladoras que alumbren el tributo. Con todo esto me pongo a pensar si él me estará viendo y escuchando; si me cuidará, si rezará por mí. Si habrá sido feliz el corto lapso que estuvo en este mundo, unido a mí. ¡Qué barbaridad! No tengo ninguna foto de él. Tampoco hubo tiempo para eso. Tendré que poner la caricatura que su padre le regaló porque no hay otra cosa. ¿Por qué en lugar de cinco meses no fueron años? Cinco meses de vida dentro de un cuerpo enfermo, pero vida al fin. Yo tuve la culpa de que no fuera más tiempo, porque no lo cuidé lo suficiente. Siempre lamentaré no haberlo visto crecer, correr, reír. Se quedó así, pequeño y frágil. Ahora, su calaverita de azúcar en el centro de todo esto. Falta su nombre... ¡listo! Qué hermoso se ve... Las veladoras le dan tanto misterio y suntuosidad.
Veinte veladoras que corresponden a cada año transcurrido desde su viaje hacia Dios. Veinte años ya de la misma pregunta: ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no te esperaste aunque fuera sólo dos meses más? Entonces con seguridad, no tendría por qué poner ofrenda alguna, porque estarías vivo, junto a mí. Te abrazaría y te vería buscar tu propia vida... Pero no. Te fuiste y aún te recuerdo.
Estoy acabando de colocar la ofrenda a mi muerto, a Alfonso. El hijo que murió al nacer y el único que he tenido.
Etiquetas: Columna
3 Comentarios:
- At 18/11/09, nos comenta que...
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Me gustó mucho. Felicidades.
Atentamente, Hombre que husmea. - At 19/11/09, nos comenta que...
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El lenguaje más simple es el más bello y en tus palabras muestras lo que vales. Por eso te admiro cada vez más.
- At 22/11/09, nos comenta que...
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Que lindo detalle, el de encenderle en su día especial una vela.
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Cafentina Submarino, en Xalapa, Veracruz
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Sorbos
Por Elsa Lever M.
Diáfana y débil, Maricruz le dio un sorbo a la noche. Le supo a tristeza, a soledad; le supo a dolor y a muerte. Caminó sin rumbo, pero sí con cierto destino, pues no sabía a dónde iba pero estaba segura de a dónde no quería ir. Y ese lugar era su casa —enclavada en el municipio El Desconsuelo, en la colonia de la Inconformidad—, el hogar que hacía tiempo había dejado de serlo, al menos para ella.
Cruzó la avenida El Fastidio, casi corriendo. Muchos accidentes se habían suscitado sobre el asfalto últimamente y no quiso ser parte de las estadísticas. Incluso se enteró del último, con lujo de detalles, porque era su vecina la que se suicidó ahí, en esa avenida.
Cuando llegó a la banqueta, Maricruz se detuvo y miró hacia atrás. Otras personas se quedaron en el intento de cruzarla, pues el pánico las atrapó. Tendrían que esperar otra ocasión, otro momento, pero ella ya estaba del otro lado. Dio otro sorbo a la noche. Continuaba el mismo sabor pero alcanzó a percibir otro ingrediente, que le supo a certeza, a seguridad.
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